Confesiones de una típica adolescente

viernes, 5 de junio de 2015

Apareciste en mi vida hace 683 días. Fueron los más felices que viví hasta ahora, ¿sabés?. Pero te fuiste de mi vida hace 335 días. Desde el primer día, hasta ahora, jamás fui capaz de escribirte ni una sola palabra y vos siempre me lo reprochaste. ¿Por qué a otros si y a vos no?. Yo te respondía que nunca había amado tanto como para quedarme sin palabras. Nunca había amado a nadie como a vos. Y hoy, 683 días después, al fin puedo. Volví a tener palabras. 
Al principio, después del adiós, me perdí. Caminaba sin rumbo, a la deriva. Cuando caía, me arrastraba. A veces no quería avanzar, pero me empujaban. Pase días enteros odiando vivir. Pase noches enteras llorando y pidiéndole a Dios no despertarme al día siguiente. Odié a Dios por no escucharme. Odiaba al mundo por poder seguir girando tan normalmente, como si nada pasara. Estuve rodeada de fantasmas. Me dejé invadir por el dolor. Estuve rota. Me dolía el alma de extrañarte tanto. Juro que es verdad. 
Y ahora, acá estoy. ¿Cómo te puedo explicar lo que siento hoy? Soy una mujer diferente, crecí, aprendí. Sobreviví. Descubrí que soy más fuerte de lo que pensaba. Volví a reír y sonreír. Río a carcajadas y sonrío sinceramente. Me gusta vivir. Otra vez me gusta vivir. De a poco, pero firme, le voy encontrando un nuevo gustito a mi vida. 
Eso no significa que te haya olvidado. Me pediste, me cantaste, que no te olvide, y mirando la luna te prometí que no lo haría. Cumplo mis promesas. Pero hoy quiero dejar de amar solo un recuerdo.
Quiero amar nuevas realidades. Quiero animarme a vivir de nuevo. Voy a hacerlo. 
Como decía antes, prometí no olvidarte y no voy a hacerlo. Siempre te recuerdo y siempre te voy a recordar, pero tu recuerdo ya no duele. No duele el corazón, aunque mientras escriba esto llore. Pero no lloro porque te ame o extrañe, porque sé que una parte de mi te ama y te extraña y lo va a hacer siempre; sino que lloro con la certeza de que estoy orgullosa de mi. 
Siempre te dije que quería ser como las princesas de los cuentos. Hoy quiero más que eso, quiero ser escritora de mi propia historia. 
Ya no soy una nena, crecí. Me diste alas, me abriste los ojos, me enseñaste a amar y te lo voy a agradecer siempre, mi amor. Pero llegó la hora de aprender a amarme. Quiero darme una oportunidad y así poder crecer aún más. 
Te amé, te amo y una parte de mi te va a amar siempre. 
Gracias por tu amor. 
Ahora sí, desplegué las alas.

P.D: hoy nace un nuevo amanecer, como aquel que compartimos en Brasil. Y así te voy a recordar, cuando salga el sol y escuche nuestra canción. 
Hoy, para mi, vuelve a salir el sol.

No hay comentarios:

Publicar un comentario