Confesiones de una típica adolescente

jueves, 6 de agosto de 2015

Cuando llega la hora de recordar, siempre apareces vos.  No sé bien cómo haces pero, sin siquiera esforzarte, encontras un huequito en mi mente para hacerte presente. Y así, de la nada, me dibujas una sonrisa.
Siempre apareces de la mano de un abrazo fuerte y contenedor, de un consejo, de una carcajada después de un lindo momento juntos. Siempre volves y me devolves un poco a un pasado feliz. A pesar de todo, siempre te recuerdo feliz.
Cuando llegas, siempre venís acompañado de dos recuerdos. De los más lindos, de mis preferidos.
Primero llegas vestido de sol. Sí, así como suena. Porque tengo tu imagen, sentado en la arena, mirando hacia el mar y admirándote por ese espectáculo que ocurría frente a nosotros. Es un recuerdo tan fresco que podría dibujarlo y conservarlo como si fuera una foto que me guardo para mi. Una foto en la que estás de perfil, sonriendo tanto, y con toda esa luz de un nuevo sol naciendo para vos y para mi. Una foto que no necesita filtro porque la naturaleza hizo todo el trabajo por y para nosotros. Con ese recuerdo estás mostrándome que algún día me propuse que encuentres razones para sonreír. Me recordas que ese día me propuse hacer todo lo que fuera posible para que seas feliz. Me demostras que a pesar de la distancia y los problemas siempre nos queda ese recuerdo.
Vos y el sol. Vos y esa sonrisa. Vos mirando el mar. Vos y el amanecer de un 28 de julio. No sé por qué siempre lo recuerdo como si hubiera sido el 27.
Vos y el 27, porque la memoria es caprichosa.
Vos y yo creando un recuerdo hermoso.
Vos, desde ese momento, ensamblándote en mi vida para siempre.
Y cuando apareces con ese recuerdo, siempre venis con todo un destello de recuerdos más, que me descoloca como un remolino. Que me pide más. Que no olvide, que cada tanto reaparezcas y desaparezca todo lo que me daña.
Siempre que llegas a mi mente, venís acompañado del recuerdo más lindo: vos y yo bailando en la calle.
Escribo esto y sonrío. Mucho.
Ese momento encierra tantas cosas para mí...
Vos, haciendo que yo, la chica estructurada y vergonzosa; baile en medio de la calle. Vos, haciendo que yo, la chica soñadora y cursi, cumpla uno de los puntos de su lista de películas. Vos, haciendo que yo, con mi corazón sensible y sentimental, no quiera perderte nunca.
Vos. Vos. Vos. Siempre vos.
Me cuesta, a veces, crear un Yo cuando no estás Vos.
Por eso siempre queda una puertita abierta en mi memoria, esa por la que te colas y llegas con toda tu paz para hacerme sonreir.
Porque cuando apareces, desaparece todo lo que me daña.

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