Me acuesto y miro el techo, y espero que mi corazón empiece a pasarme factura de lo sentido, de lo dicho - y de lo no dicho, también - de lo hecho, lo no hecho, de lo olvidado, lo recordado, lo extrañado; pero el corazón está cansado, sabes? No tiene fuerzas para recordarme que no aguanta otra desilusión amorosa, simplemente, no puede.
Pero el nudo en el pecho es persistente y necesito expresarme y no puedo llorar, entonces sueño, entonces escribo, entonces estoy acá.
Todo este tiempo te odié, sabes? Me lastimaste, me heriste, me desilusionaste, rompiste promesas, me negaste, me olvidaste, no me quisiste lo suficiente y sin embargo, no se por qué, te quiero, y te banco, y por eso te perdono, porque no me imagino sin vos.
Y te hablé, a pesar de que no quería, te busqué y te pedí que me regales una canción, otra canción... porque vos me entendes demasiado, y sabes lo que siento, cómo pienso y que cuando te pido un regalo es porque estoy muriendo en vida, y ahí apareces, y como no sabes expresarte en palabras, me regalas una canción y así me abrazas a la distancia, y así me estás queriendo y me devolves un poco de esa vida que sentía perdida. Y como una idiota busqué un poco de esa droga que se volvió costumbrista, como quien sabe que los efectos son duraderos y a la larga no son buenos, pero se arriesga, o no le importa.
Y me regalaste The Best of you, y al fin lloré, y se me desanudaron los sentimientos atascados en la garganta, en el pecho, en el alma, y por último te agradecí.
Pero, ¿por qué no dejaste que todo termine con mi "gracias", eh? ¿por qué tuviste que hablarme y decirme que sos un pelotudo y que estabas mal porque estábamos "así"? Y en pocas palabras- o en muchas, en realidad- me pediste perdón, como cuando me haces un puchero con el que pretendes comprarme cada vez que estamos mal, y que últimamente ya no tenían valor para mi. Y te perdoné, y caí otra vez en el error de bancarte siempre siempre.
Y entre finales alargados, entre despedidas interminables, me lanzaste, me escupiste, me gritaste, me dijiste un: "te amo aunque vos a mi ya no" , así de literal, así de hiriente, así de sincero. Y me robaste, me arrebataste un: "yo te re amo a vos", bien frontal, con sabor a
Y ayer nos vimos, y volvimos a ser un poco los de antes, y nos reímos, y pudimos hablar cerquita sin electricidad de por medio, sin sentirme con ganas de volver a tenerte cerca, y volviste a tener esos pequeños detalles tuyos que me llevaban al borde de la locura... pero llegamos al final de la noche, y nos abrazamos.
Si, en ese abrazo quería sentir que eramos uno, quería decirte que te amo con sentido de que te quiero, quería que cada sentimiento salga por mis poros y sepas comprenderlos, pero lo único que me salió decirte fue: "hace tanto que no estábamos así".
Y no importó que la música no acompañe el momento, que la gente nos rodee, que yo quiera escaparme y salir corriendo para no verte más; no importó y me abrazaste más fuerte, y me estrechaste más a vos, y ahí nos dijimos en ese pequeño gran gesto que nos extrañábamos, que nos amamos en el sentido que nosotros le damos - que nosotros sabemos -, que los dos siempre vamos a ser uno, pero que todo llega hasta acá, hasta ahí.
Ese abrazo tuvo sabor a despedida, a final de un ciclo, a final de secundaria, al final de mi libro favorito, al último mate de la ronda, a los acordes finales de una gran canción, a final de las vacaciones, a punto, a punto y aparte, a punto FINAL, a todos los finales que hayan marcado mi vida. Y nos sentí infinitos, eternos, inolvidables. Y supe que siempre te iba a amar de la forma que sea, no importaba cómo. Porque entre una gran mezcla de tristeza y alivio, ese abrazo significó mucho más que su significado en un diccionario. Ese abrazo significó: NOSOTROS SOMOS MÁS QUE UNOS CUANTOS TE AMO, QUE UNOS CUANTOS MOMENTOS, INSTANTES Y RECUERDOS... NOSOTROS SOMOS INFINITOS, AMOR.
No hay comentarios:
Publicar un comentario