-Tú sufres por él.
Cerre los ojos.
-¿Los sueños continuan?
-Todas las noches- mascullé.
-Háblame de ellos.- Su voz era suave, persuasiva.
-No me gusta pensar en ellos.
-Lo sé. Intentalo. Eso te ayudará.
-¿Cómo? ¿Cómo puede ayudarme decirle que veo rostro cada vez que cierro los ojos o que me despierto y lloro cuando no está? ¿Cómo decirle que los recuerdos son tan fuertes que ya no puedo separarlos de los míos?
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